El colágeno es la proteína más abundante del cuerpo humano y la que sostiene la piel. También es el objeto de una cantidad notable de publicidad engañosa.
Empecemos por lo que no funciona tan bien como se cuenta. El colágeno aplicado en crema no atraviesa la barrera cutánea: sus moléculas son demasiado grandes. Los suplementos orales tienen algo más de respaldo, aunque modesto y con estudios a menudo financiados por la industria.
Lo que sí estimula la producción propia es el daño controlado. La piel fabrica colágeno cuando detecta una agresión que debe reparar: calor, microlesiones o determinados activos.
Ahí entran los tratamientos térmicos. Al elevar la temperatura del tejido por encima de cierto umbral, las fibras existentes se contraen y se activa la síntesis de fibras nuevas. Es lo que buscan equipos como el tratamiento XERF, que combina dos frecuencias para alcanzar distintas profundidades.
Del lado de la cosmética, el retinol y sus derivados son los activos con más evidencia acumulada, seguidos de la vitamina C como cofactor de la síntesis. Y hay un factor que pesa más que todos los tratamientos juntos: la protección solar, porque la radiación ultravioleta es el principal degradador del colágeno.
Un detalle importante sobre los plazos. El colágeno nuevo no aparece de un día para otro: tarda semanas en organizarse y meses en traducirse en firmeza visible. Cualquier resultado inmediato que se prometa es otra cosa, normalmente contracción térmica pasajera o simple hidratación.
Para quien se plantee dar el paso, merece la pena leer con calma qué resultados son razonables, como se explica en la página de xerf nerja.